Escucho la gota del lavado, una y otra vez,
En su secuencia infinita, es su caída penetrable,
Segundo a segundo se introduce en mi mente,
Provocando esa sensación de abandono, de soledad incorruptible,
En cada gota voy cayendo más y más,
Me derrumbo en el suelo y veo como el viento frió y lento empaca mi piel,
Y las palmas de mis manos, se empuñan en dolor,
Y ahí estoy inmóvil ante ti queriendo alcanzarte, sin avanzar,
Queriendo detenerte, sin hablar,
Queriendo envejecer y no olvidar,
Solo el tiempo lo dirá.
Dedicado a ti niña, que siempre fuiste quien eres, que siempre seras lo que soñe.
20 noviembre 2005
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)

No hay comentarios.:
Publicar un comentario